miércoles, 16 de septiembre de 2009

Sólo un deja vù.

Los pasos se sentían cada vez más cercanos, sonaban cada vez más fuerte. Sentía que tenía que levantarse, pero no podía, el miedo lo mantenía quieto e impávido, esperando, esperando. Lo que fueron segundos parecieron horas, hasta que por fin se vislumbró una silueta en el umbral de la habitación: facciones familiares pero con una expresión no conocida se mostraron por fin; era Tomy. Al menos estaba vivo, pensó, pero sus músculos seguían igual de tensos. Su hermano entró en la habitación, caminando como quien quiere demostrarse el dueño de la habitación. – Vamos, ya es hora de levantarnos – dijo Tomy, mirando a su hermano hacia abajo y con el ceño fruncido. Albert, obedeciendo por la inercia que le provocaba el miedo, se apartó lentamente del las sábanas y se incorporó rascándose la cabeza y estirándose. En el mejor de los supuestos (que era el que Albert se imaginaba), había pasado un día en el que su hermano no había muerto, y habían cambiado de motel. Pero mientras pensaba esto con una incipiente sonrisa, un puñetazo lo aterrizó. De rodillas en el suelo y con las manos apoyadas, escupiendo sangre, le llegó una patada en el estómago. Otra. Otra. Pisotón en la espalda. Tomy luego lo agarró de un mechón de pelo y lo incorporó. – Te crees muy listo ¿eh? – de frente contra la pared – con que “eligiendo” no acatar ¿eh? – continuó. – Tomy, no voy a pelear contigo – dijo con tono calmo, sin haber escuchado nada de lo que su hermano le había dicho, mientras se secaba la sangre de la orilla de su boca. Se incorporó de nuevo lentamente, erguido, sólo para estar a la altura de su hermano. Se miraron a los ojos por un momento, hasta que un violento alarido de de Tomy dio a entender que la golpiza seguía. Albert paró el puño de Tomy, pero no vio venir el del otro brazo. Suelo de nuevo. – Tomy ¿qué haces? – preguntó Albert, con un tono ya lastimoso y entrecortado. – Que inocencia… - respondió Tomy mirando distraídamente hacia un lado de la habitación, como buscando algo. Con Albert tirado en el piso, fue caminando rápidamente hacia donde estaba mirando, tomó un piso y se lo tiró. Albert ya no sabía que hacer. Era su hermano, pero no se comportaba, ni siquiera parecía del todo se hermano. - ¿Quién eres? – le preguntó finalmente. Tomy cambió bruscamente la dirección de su mirada, dirigiendo toda su atención visual a Albert. – Yo, mi querido Albert, soy la personificación misma de la ruina – dijo, ahora mirándolo y con una sonrisa en su rostro. Intentando erguirse de nuevo, Albert comenzó a buscar en la habitación algo que lo ayudara a salir de ahí. Mientras se acercaba Tomy peligrosamente con el rostro encendido de furia, se agachó, tomó uno de los patas del otrora piso y le dio un batazo en el rostro. – No me importa quién seas, mientras no seas mi hermano -. No le interesaba inflingirle dolor, sólo salió por la puerta, lo más rápido que sus lesiones le permitían, mientras el seminoqueado Tomy lo perseguía. - ¡Tú no escaparás! – le gritaba en el camino - ¡la espiral es INFRANQUEABLE! – le gritaba ya descontrolado. Albert paró en seco, dándose vuelta para enfrentar al que parecía le había dado 49 días de impiedades. Era el todo o nada. – Dime de una vez ¿¡Quién eres!? – le dijo conteniéndose, aunque sin evitar un grito. Ya más calmado, Tomy le respondió – soy la perdición terrenal de los humanos, posible sólo gracias a su pereza y sus miedos. Soy tu día uno al cuarenta y ocho. Soy tu… - puñetazo. Lo que parecía Tomy intentó seguir hablando, pero justo al abrir la boca se dio cuenta de que sus manos se desvanecían. Era como si una estatuilla de polvo se la llevara el viento. Iba lento como un reloj de arena, grano a grano. Con una expresión de horror y un grito desgarrador en el aire, Tomy se desvanecía, poco a poco. Albert miraba la escena estupefacto. Ya no eran sólo sus manos, sino que sus brazos se desvanecían también, luego su torso, sus piernas…su rostro. Al transformarse el último trozo de Tomy en polvo, el mismo polvo se levantó del suelo, como con un remolino y se movió hacia Albert, cual enjambre. Albert, pegándole al aire con sus manos, con los ojos cerrados y caminando a ciegas hacia atrás, no pudo ver la ventana que se le aproximaba, hasta que de un tropezón cayó por ella…

Sonaba su canción favorita de despertador: creep. Era un nuevo día, como le gritaba afablemente su hermano mayor, que para su desagrado, ya estaba entero vestido. Era un nuevo día, uno de tantos dijo en un principio. Se duchó, se vistió, miró el reloj: 8 de la mañana. Cerca del minutero podría haber jurado que…no, pero era imposible, se dijo. El teléfono sonó, su hermano contestó. Era un número equivocado al parecer. Se sentía mal, se sentía pésimo, pero no era momento para quejas. Tenían todo un nuevo día por delante. “¿Al mismo café de siempre?” Albert la pensó por un instante, y aunque adormilado, le respondió – No, veamos algo nuevo para hoy – a lo que su hermano le respondió con una sonrisa de aprobación. – Me gusta tu actitud…ahora levántate y dúchate, tenemos todo un día por delante – concluyó Tomy. Cavilación. – Tomy, espera… ¿sonó el teléfono antes? – le preguntó, rascándose la cabeza – Sí, equivocado… ¿por qué? – le respondió intrigado -. Albert mirando el teléfono, le dijo – No…deja vù nada más. Creo que tuve una pesadilla. En diez minutos estoy listo – dijo levantándose, con una enorme sonrisa en el rostro.
Era primera vez en 48 días que se levantaba sin creer saber que iba a pasar, primera vez que se levantaba sin temor a lo que podía pasar. No quería planear nada. No quería anticipar nada. En ese momento, sólo le importaba que su pie pisara bien en cada paso hacia la ducha. Paso a paso.

domingo, 30 de agosto de 2009

El día 49.

Ya iban 48 días en espiral. Ya iban 48 rutinas sin salida. Ya iban 48 veces que un hermano miraba a otro hermano morir. Cada día era peor que el anterior. Cada día sentía más el deseo de gritarle a todo aquel que se le cruzara, cada día adquiría más conocimiento sobre una estúpida rutina que el mismo llevaba a cabo, día tras día. Había visto vigas caer, había visto asaltantes violentos, caídas a hoyos de construcción, incluso una abeja (justo cuando el destino tuvo a bien dejar en evidencia la alergia de Tomy).
Durante un tiempo (tiempo, curioso concepto), el hermano menor, Albert, había intentado dar con una solución, investigar sobre fenómenos que hayan ocurrido antes de esta naturaleza, analizar que había cambiado con respecto a los demás días normales de su vida, aquellos en los que se iba a dormir un 23 de agosto y despertaba en un 24 de agosto. Había recurrido a tarotistas, aquellos del parque cercano al centro comercial. Si el tiempo hubiera avanzado de forma regular a través de estos 48 días y Albert hubiera hecho las cosas que hizo, seguramente lo habrían tildado de loco. Pero el tiempo no avanzaba. Sólo Albert conocía el día. Sólo él podía desentrañar el enigma detrás de esto. Pero no encontraba nada, absolutamente nada.
Desesperado. No hay otra palabra para describir el estado en el que Albert se iba a su cama cada noche. No sólo lo embargaba el impacto por la pérdida de su hermano (que más que impacto se había transformado en un diario caminar). También tenía que lidiar con el sentimiento de fracaso de cada día al no poder remediar su situación, y el miedo que le provocaba el probable nuevo día. Un 24 de agosto, con su hermano muerto, y el tiempo ya avanzado de forma regular. Sin forma de recuperarlo. Una muerte que para toda otra persona calificaría de “normal”.

El día 49, ya cansado de levantarse todas las mañanas a evitar una posible muerte, Albert se despertó sin ánimos de despertarse, ¿qué más daba, si finalmente iba a tener que ver a su hermano morir nuevamente, ya sea camino a la fuente de sodas, saliendo de esta, camino de vuelta al motel, ya en el motel...
Creep en el despertador. Grito de Tomy. Llamada equivocada. Pero hoy no saldría de casa. No esperaba que una respuesta llegara así como así, ni caída del cielo, nada por el estilo. Simplemente no la esperaba. No quería hacer nada en absoluto. Sólo hibernaría por un tiempo, pero nadie ni siquiera lo notaría. No se le podía llamar siquiera hibernación, porque para eso tendría que haber tomado una decisión, pero esto era precisamente lo contrario: no hacer nada, no decidir nada, sólo basado en la desesperanza. Quizá Tomy le preguntaría si se siente mal y luego moriría…y al otro día le preguntaría de nuevo…sólo cerró los ojos y dio vuelta su almohada para esperar la notificación de muerte de su hermano unas horas más tarde, si alguien se dignaba a llamarlo.
La luz del nuevo (¿nuevo?) día lo despertó, y, aunque somnoliento, Albert dedujo algo: nadie le había notificado de la muerte de su hermano el día anterior, para su sorpresa. Eran extranjeros en la tierra que pisaban, pero no habría venido mal una llamada policial o algo por el estilo. Aunque todo lo que estaba viviendo no formaba parte del tiempo normal, hubiera sido agradable (contextualizando también a la situación) haber sabido que a alguien más le importaba la muerte de su hermano. Pero no.
Se quedó en su cama, esperando que Tomy le gritara que se levantara – cosa que debía pasar en alrededor de 30 segundos, le dictaba su reloj interno -, pero nuevamente para su sorpresa, no pasó nada…algo raro había en el ambiente. Su corazón se dio cuenta antes que él. Con un salto les estaba haciendo saber que no se había levantado con el despertador. Que no había tal despertador de hecho…mirando alrededor, se dio cuenta que no era su pieza, que no estaba acostado en su cama, y se escuchaba a alguien caminando hacia la puerta de la habitación, intentando no hacer ruido, pero a paso firme.

Segunda parte

domingo, 9 de agosto de 2009

Un día como aquel

Sonaba su canción favorita de despertador: creep. Era un nuevo día, como le gritaba afablemente su hermano mayor, que para su desagrado, ya estaba entero vestido. Era un nuevo día, uno de tantos dijo en un principio. Se duchó, se vistió, miró el reloj: 8 de la mañana. Cerca del minutero podría haber jurado que…no, pero era imposible, se dijo. El teléfono sonó, su hermano contestó. Era un número equivocado al parecer. Se sentía mal, se sentía pésimo, pero no era momento para quejas. Tenían todo un nuevo día por delante. “¿Al mismo café de siempre?” y, como todo humano adormilado hubiera hecho, respondió por inercia “sí”, aun con los ojos medios entrecerrados. El café no tenía gusto. Los sándwiches no olían a exquisitez. El asiento no tenía textura. El sándwich que corrió por parte de la casa en aquel fuente de sodas no le importó. Las palabras para el plan del día de su hermano no hacían eco en sus oídos. No lo pensó en el momento, pero ahora que lo piensa, debe haber pensado que pensó que era por que tenía sueño nada más. El café se le cayó a la garzona, y se derramó por todo el suelo. “¡Mierda! mejor vayámonos antes que…no sé cualquier cosa”. Y siguieron su camino. Vago para el chico. Con rumbo para el grande. Y cruzando una calle pasa un auto…y en ese momento despertó por completo, sólo para verlo muerto, tirado en el piso desangrado, sin vida.

Sonaba su canción favorita de despertador: creep. Era un nuevo día, como le gritaba afablemente su hermano mayor, que para su desagrado, ya estaba entero vestido. Era un nuevo día para todos, uno de tantos dijo en un principio. Se espabiló “¿¡Tomy?!” “¿Qué, una araña?” –dijo recordando su la fobia de su hermano menor - “No, no…nada” dije con el ceño fruncido por fuera y por dentro. En la ducha, como siempre (¿siempre?) fue cuando en verdad lo dimensioné. “¿No sientes un deja vú o algo así?...Como si…ya nos hubiera pasado antes…” “Mmm…no, ¿por qué?” Silencio. El teléfono sonó, su hermano contestó. Parecía ser un número equivocado. “¿El café de siempre?” “Sí, el…mismo”. El café no tenía gusto. Los sándwiches no olían a exquisitez. El asiento no tenía textura. El sándwich que corría por parte de la casa en aquella fuente de sodas no le importó. Las palabras para el plan del día de su hermano no hacían eco en sus oídos. Se sentía dormido y lo sabía. Ahora ¿qué es el ahora? La alegórica expresión de emociones en su apogeo. El café se cayó, pero su brazo estaba ahí para sostenerlo, diez centímetros antes de que lamiera el suelo. “Buenos reflejos, hermano” “Sí…de algún modo lo sabía” dijo algo incómodo. Se terminaron su desayuno, y venía el apuro. Ahora o nunca. Exaltación o arrepentimiento. Iban a cruzar la calle, casi se le olvida, y pasó el mismo auto, a la misma velocidad, sólo que esta vez él paró a Tomy, para su suerte. “Gracias, te debo una” con una sonrisa cómplice en su cara. “Hoy quizá deberíamos relajarnos un poco, pagar el hotel, empacar el auto e irnos pa’ otro lao nomá’” “Sí, ya estoy medio chato del hotel ese”. “¿Adonde te gus…?”. Su última frase no alcanzó a llegar al cementerio de palabras del ahora. Ni se le ocurrió mirar hacia arriba, de ver el por qué. Nadie tenía por que soportar ver morir a un hermano dos veces. “¡Alguien llame una ambulancia por la mierda!” Nadie atinaba. No quería ver sus ojos desorbitados de nuevo, tampoco el hoyo en la cabeza, ese sangriento, duro hoyo que debió haber quedado, pero tenía que…

Sonaba su canción favorita de despertador: creep. Era un nuevo día, como le gritaba afablemente su hermano mayor, que para su desagrado, ya estaba entero vestido. Ya no necesitaba espabilar. Era como si no hubiera dormido en tres días. Se levantó bruscamente, enojado, preocupado, angustiado. “¿El café…?” “Sí el de siempre…”. “Como digas…” “Tomy escucha…he vivido este día dos veces ya” Y sonó el teléfono. “No contestes, está equivocado”. “Cuando vuelvas de tu mundo de fantasía hablamos ¿ya?” Tomy contestó el teléfono “Aló…no…está equivocado” dijo frunciendo el ceño a su hermano.
“Déjame ver si lo entiendo ¿Este día lo has vivido varias veces, como si fuera una…espiral? Y finalmente te despiertas en la mañana de este día cuando…”. “Sí cuando voy de vuelta al hotel, justo después de este café y ahora viene un sándwich por cuenta de la casa”. Quizá se le había olvidado un detalle. “El sándwich corre por cuenta de la casa” dijo la garzona en su primera ida a la mesa. A la segunda, se le cayó el café, y como era habitual, el chico se lo atajó justo en el aire. “Buenos re…”. “No, yo ya sabía que iba a pasar ¿Me crees ya?”. “¿Tengo otra opción?”. “Bien, entonces hazme caso en todo lo que te diga, sin alegar ni nada ¿hecho?”. Silencio. “Hecho”.


Primera parte .

domingo, 31 de mayo de 2009

Breve introducción a las helecsiones

¿Usted ha visto alguna vez en algún remoto país lejano (o quizá no tan lejano) a un grupo de personas con afanes de grandeza y algo de buena reputación (omitamos el origen) que pelean y pelean por el apoyo de un grupo de personas distinto a ellos (o quizá no por su apoyo, sino el poder que éste representa), sin siquiera tener claros los intereses de ese segundo grupo de personas?¿Qué tal si a esta situación le agregamos un desorden dentro de cada uno de los equipos que los ayudan para conseguir tal objetivo (y no sólo en el equipo directo, sino también lo que está detrás de ese equipo, y lo que está detrás de ese más grande también)? Es probable que a esto le podamos agregar unos cuantos elementos más, pero creo rescatar aquellos que más importan, o que más deberían importar a aquel segundo grupo de personas.

Es probable que este sea un fenómeno característico en estos tiempos de un sector al suroeste de ese pueblucho que llaman Latinoamérica, ese “parque temático del subdesarrollo”, como algunos han llamado a la zona en la que habitan. Ese rincón del mundo se llama “Shile” desde hace años. Ahora bien, dentro de este país (sí, es un país) existen dos coaliciones de carácter político, que en sus inicios, solían definirse (y diferenciarse) por su ideología, siempre confrontada la una a la otra. Ahora ambas han tendido más bien al centro ideológico, a un lugar en el que nadie se sienta excluido ni tampoco experimente repulsión al pensar en él, pero que a la vez, tenga adherentes fieles a su “hideología” (si, con h y entre comillas).
En este escenario político, se presenta un período en el que los ojos del segundo grupo de individuos (y del primero también, pero eso debiera –sólo debiera – ser habitual) se torna al ambiente político. A ese de clima turbio, neblinoso, sin muchas cosas a la vista (simple vista, me refiero). Y ahí ven personas emerger como posibles candidatos para las helecsiones (helecsiones para Presidente de Shile, olvidé mencionar).
Por el sector de la centroderecha (lo que en un principio fue definido como tal), la autodenominada coalición “Aliansa por Shile” levanta un candidato que ya se repite el plato en este tipo de certámenes. Egresado de Harvard, economista y empresario (muy empresario le dirán por ahí), quien figura entre las mil personas con más dinero en el mundo: Cebastián Pinhera. Por el momento, él ha corrido sin mayores problemas en su sector, incluso hasta ganando las encuestas nacionales de intención de voto y todas esas ilusorias, quizá hasta certeras encuestas.
Por el bloque de la centro izquierda (o lo que en un principio fue definido como tal), la también autodenominada Consertación ,el bloque que en estos momentos lleva casi veinte años en el gobierno, tenemos a un ingeniero civil civil (mención hidraúlica eso sí), ex presidente de Shile, cuyo bolsillo tampoco ha sufrido mucho (estos bolsillos políticos…), hijo de un también ex presidente que en su época fue un símbolo y un referente por si solo y (¡oh! casualidad) le concedió el honor de llevar su nombre: Heduardo Frey Ruis-Tagle, hijo de Heduardo Frey Montalba, es hoy por hoy, el candidato oficial de la mencionada Consertación, luego de burlar el primer obstáculo en su carrera hacia su abandonado sillón presidencial
Este bloque, eso si, ha corrido con una suerte un poco peor que su (sí, digámoslo) competidor directo. En el último año, la Consertación ha perdido a más de algún referente clave, que quizá se va a fundar otros partidos, que quizá se va hacia la centroderecha, o quizá a la izquierda (que no se nos quede en el tintero); quizá incluso se levanta como candidato presidencial desde su podio, hecho con sus propias manos: son los marginados, los arrepentidos quizá, los desleales según algunos, ellos, ellos son la parte interesante, (¿y porqué no?) divertida en esta obra, aquellos que nos darán las elecciones más entretenidas, inestables, poco frecuentes, despiadadas y (repito: ¿porqué no?) maliciosas que se hayan visto en la última mitad de siglo en Shile.

Próximo artículo: Hadolfo Saldívar, el marginado pionero.
Marko Henríquez – Hominami, el casi marginado aspirina.

domingo, 3 de agosto de 2008

¿Allende?

Antes que todo, creo que no es correcto ni justo tener que elegir a un chileno de entre todos nuestros períodos de historia y de entre todas las disciplinas - cultura, política, iglesia, guerra, etc -. Además, no creo que sea de carácter serio, ya que en los tiempos de Lautaro no existía "Chile" como tal; Lautaro era mapuche, no chileno. Lo calificaría de poco serio. Pero si seguimos con el jueguito que se nos impuso para el primer año del Bicentenario, me parece que la votación no refleja los resultados esperables si queremos encontrar al chileno del Bicentenario, al personaje más transversal y destacable de 200 años de vida patriota, la persona que más representa la figura idealizada chilena, la persona que más se acerca a ésta.

Con esto, me refiero a la elección que fomenta TVN por encontrar al "chileno del bicentenario".

Nos podríamos poner en la postura de que Allende fue un gran presidente y que para todos los chilenos es el símbolo de la democracia, que murió por ella. Que su gobierno fue boicoteado, y de no ser por eso hubiera sido un excelente mandato. Todo eso es totalmente legítimo, asumiendo esa postura. Pero incluso dentro de este pensamiento, nos vemos enfrentados a la situación de que tenemos - incluso en la delimitada lista que nos brinda TVN, el canal de todos los chilenos - otros exponentes mucho más trascendentes y transversales.

Chile cuenta con dos nobels de literatura, que afortunadamente fueron incluidos en la lista. Chilenos admirados por moldear las palabras a su realidad, saber apuntar con ellas hacia su realidad. Un santo católico que también fue incluido en la lista. Gran escritor, y activo en proponer cambios en la sociedad chilena y en analizarla. Dos grandísimos exponentes de la música criolla: una nos habla de la vida, de la muerte, del amor y del desamor. El otro, nos habla y nos transmite toda la ideología clásica de una época importantísima en Chile, que muere por decir lo que piensa, por darse a conocer, un ser que encarna el sacrificio. Héroes connotados de la independencia chilena, que, para partir, es la razón por la cual celebramos el Bicentenario, por si alguien no lo recuerda. Personas que dieron su vida por su patria, la que consideraban tenía el derecho de ser libre e independiente. Un gran marino, que encarna los valores tradicionales del hombre idealizado, y no tan sólo en Chile: arrojo, valentía, coraje y disciplina, sólo por nombrar algunos.

Y eso que sólo nombré las personas que están en la lista, pudiendo haber dicho muchas otras. Claudio Arrau, Claudio Bunster, Eduardo Frei Montalva, Nicanor Parra, Vicente Huidobro, Andrés Bello, Arturo Alessandri Palma, Jaime Guzmán, y muchos, pero muchos otros más.

La invitación queda abierta, opinen por favor sobre el artículo...

Si todavía no saben de que hablo, ingresen a http://www.grandeschilenos.cl/php/index.php

Saludos,
Juan

PD: VIVA CHILE MIERRRR!!!


*El penúltimo y último párrafo párrafo está editado, si alguien le interesa leer la versión original, sólo pídala.

lunes, 16 de junio de 2008

Utilidad de las cárceles en Chile

"Los establecimientos penitenciarios se organizarán de acuerdo a los siguientes principios: [...]
b) El desarrollo de actividades y acciones tendientes a la reinserción social y disminución del compromiso delilictivo de los condenados."

Artículo 10 (b) de los establecimientos penitenciarios, Gendarmería de Chile.
"La administración penitenciaria promoverá, dentro de las posibilidades financieras, la creación de establecimientos dedicados a la atención especializada de detenidos [...]"
Artículo 14 de los establecimientos penitenciarios, Gendarmería de Chile.
Una de las interpretaciones que se le podría dar a estos decretos es la de que en una cárcel se implementan diversas técnicas que tienen como objetivo que el condenado pueda volver (REinserción) a ser parte de la sociedad, tomando en cuenta que alguna vez lo fue.
Si pasáramos a enumerar estas "actividades o acciones", lo primero que se viene a la mente son terapias, dinámicas de carácter psicológico con los individuos o capacitaciones laborales. El reglamento indica que en una cárcel he de implementarse "actividades y acciones" para la reinserción social, pero ¿es esto cumplido en la actualidad por el sistema penitenciario chileno en la práctica?
Según una reciente visita semestral realizada por la corte de apelaciones de Santiago a las cárceles en particular de esa región, se concluyó que éstas están en condiciones de higiene deplorables (excepto las cárceles privadas y la cárcel de mujeres), pero lo que concierne a las "actividades y acciones" de reinserción social ni se menciona.
Estamos encarcelando gente por más años y de forma más estricta y apegada a las leyes, y por un lado está bien. Pero mejor digamos que ESTARÍA bien si es que el sistema penitenciario chileno fuera de real efectividad. En una encarcelación podríamos decir que hay dos partes: los beneficiados y el recluso. A los beneficiados no les va a importar lo que se le haga o no se le haga al recluso en prisión, con tal de que se aleje. Pero al momento de que el recluso salga, y no haya sido parte de las "actividades y acciones" va a tener un conocimiento más cabal de técnicas de asalto, tráfico o lo que sea, ya que en esa cárcel, en ese establecimiento penitenciario, se encuentra entre pares de similar "compromiso delictivo", como se le llama.
La fomentada mano dura no sirve de nada si es que no implementamos un sistema que ayude de forma efectiva a la reinserción social de los reclusos, no sólo al bienestar temporal de la sociedad. Transformemos a esta carga que llamamos "delincuente común" en un aporte al modelo de socidad en que vivimos. No nos sirve de nada tener a reclusos en las cárceles por un tiempo y luego soltarlos para que vuelvan a ser el doble o el triple de amenaza que antes. Y con esto no digo que haya que tenerlos más tiempo, sino que he de implementarse una atención especializada efectiva, quizá también otras medidas, como dormitorios individuales, pero más que nada, "actividades y acciones" de reinserción social, para que los "delincuentes comunes" formen parte, de una vez por todas, de éste sistema que llamamos sociedad.

jueves, 5 de junio de 2008

Historia de una relación

Este tema lo podemos remontar hasta la Edad Media en Europa. De hecho, nació de ahí. En ese tiempo, la Iglesia ofrecía un panorama muy atractivo para quien fuera creyente, y un camino al infierno si es que no lo era. Fue ganando cada vez más poder mientras que los Estados como los conocemos ahora se iban debilitando cada vez más. Por ahí en ese tiempo, un señor llamado Cristóbal Colón descubre América, y el continente entra en la historia de esta ancestral relación.

En el caso particular de Chile, durante la colonia, fue la Iglesia y sus diferentes congregaciones quienes impartían la educación en Chile, en su mayor parte. También eran los encargados de evangelizar (eufemismo de transformar) a los indígenas, por lo que eran vitales para Chile. Los curas, como los llamaríamos hoy, eran gente con influencia en diferentes estratos, hombres de gran riqueza económica.
Como una bola de nieve fue creciendo esto, pero antes de que fuera demasiado tarde, Andrés Bello concilió: "El Gobierno proponía los candidatos a los cargos vacantes, y el Papa proveía la lista de acuerdo con el Gobierno, pero este último invocando al Patronato, extendía los nombramientos". Chile notó que la Iglesia crecería más y más y propuso una primera medida: el Patronato; la dependencia de la Iglesia al Estado.

Más tarde, en la constitución de 1925, el Estado se desliga completamente de la Iglesia, declarándose Repúclica Laica.

Constitución de 1980:
Artículo 19: La Constitución asegura a todas las personas:6º.- La libertad de conciencia, la manifestación de todas las creencias y el ejercicio libre de todos los cultos que no se opongan a la moral, a las buenas costumbres o al orden público. Las confesiones religiosas podrán erigir y conservar templos y sus dependencias bajo las condiciones de seguridad e higiene fijadas por las leyes y ordenanzas.Las iglesias, las confesiones e instituciones religiosas de cualquier culto tendrán los derechos que otorgan y reconocen, con respecto a los bienes, las leyes actualmente en vigor. Los templos y sus dependencias, destinados exclusivamente al servicio de un culto, estarán exentos de toda clase de contribuciones.

Ya la Iglesia no contaba con el poder de antes, pero entonces, ¿cómo es que todavía tiene ingerencia ideológica en el presente? Por costumbrismo, no se ha querido desligar del todo a la Iglesia del Estado.

Declaraciones de don Mario Fernández, abogado de creencias católicas perteneciente al Tribunal Constitucional: " [...] actué en derecho y por convicción [...]". Su voto fue contrario a la píldora, eso considerando incluso que es un ex militante de la DC, y que este partido estaba a favor de la píldora.

Sobre el mismo tema, nuestra Presidenta Bachelet, de inclinación atea, actuó en contra de la decisión del Tribunal Constitucional, en lo que algunos llamaron una falta de respesto, y anunció repartición de la discutida píldora.

También podemos hablar en el pasado de Arturo Alessandri Palma: vinculado a la masonería, en la consitución promulgada bajo su gibierno, se le rinde culto a la religión de la democracia; Chile pasó a ser laico bajo el gobierno de un masón.

Augusto Pinochet, católico. Bajo su gobierno se promulga una constitución que declara a Chile como un país oficielamente católico. Curioso personaje: por el otro lado tenemos una lista de crímenes que atentan a los DDHH de una longitud impresionante. Curioso tratándose de un católico ¿no?

Michelle Bachelet, refiriéndose al matrmonio homosexual, tema sobre el cual la Iglesia Católica se mostró totalmente en contra: "[...] no está en mi programa de gobierno [...]". Ella, un liberal atea deja de lado el matrimonio homosexual. Raro, ¿no?

Lo que quiero dejar en claro es que hay de todo y para todos. Hoy en día, esta relación depende en extremo de quién asuma el poder, de quién controle a las masas. De su conciencia sobre esta relación y su opinión acerca de la misma. De su inclinación religiosa también, ¿por qué no?

Un(a) buen(a) mandatario(a) debería hacer lo que le conviene a su país y no lo que el(la) piensa. En todo caso, si tuviéramos un(a) mandatario(a) sin religión, es decir que no existiera esta para el(la) no sería el (la) mismo(a). No tomaría las mismas decisiones, no sería por el cual uno, ciudadano, votó.

También, aparte del lado político, depende de la posición que tome la Iglesia. Si es que alguna vez dejara de dar su opinión de todo y para todos, los católicos no se sentirían "obligados" a hacer tal o cual cosa por su Iglesia.

Entonces, llego a varias conclusiones. Primero, la relación depende tanto de los políticos como de los eclesiásticos. Segundo, es evitable, pero no es recomendable, ya que en el voto va incluida la religión del votado.

Al parecer todo se relaciona ¿no? Pueblo, Iglesia, Estado. Quizá un triángulo inquebrantable de la sociedad, de la política, de las ideologías. Dependerá sólo de nosotros ver por que camino queremos seguir llevando este largo sendero.